DEAMBULAR
Son las 19,50 cuando llego a Gran Vía, ya es de noche, me sorprende verla tan vacía, me paro a contemplarla así, solitaria casi en silencio. Los coches pasan a ambos lados pero el ruido se desvanece.
Está sucia, las hojas ya caídas, quemadas por el sol de varios días, se amontonan en todas las esquinas.
En un banco a la derecha un hombre ha colocado sus cartones para pasar la noche; tristeza.
Sigo andando. Un hombre me adelanta lentamente; me extraña, me sorprende.
Ese andar lento parece sospechoso. De frente se aproxima una joven muy deprisa, casi corriendo parece que esté huyendo. Los jardines de noche son siniestros.
Llego a la fuente; majestuosa, enorme, luminosa. El agua fluye con un monótono canto. La rodeo, me paro a contemplar la obra de Benlliure; las cuatro estatuas (El Ferrocarril, La Navegación, El Gas, La Caridad) y en lo alto la figura de ese alcalde de la ciudad, José Campo (Marqués de Campo)
La imagino frente a la puerta del Ayuntamiento. Impresionante.
Termina la Gran Vía, cruzo a la derecha. Me fijo en el reloj 19,59. Temperatura impropia de diciembre 16º no hace frio.
En este 2020 queda poco como antes solía ser; ni siquiera el tiempo
De nuevo cruzo, llego a los jardines de Jacinto Benavente. Estoy sola, Mi interés, se desvanece, no hay gente.
Por fin veo a un perro tirando de su amo, le lleva al matorral donde unas palmeras han dejado caer sus ramas secas. Me sigue pareciendo todo sucio.
Observo los jardines; no son los de hace meses ¿le habremos contagiado la tristeza?
La Covid, la pandemia nos ha dejado a todos en una cuarentena interminable.
Los arboles ya duermen, yo regreso.



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