LLÁMAME



Ayer en mi casa, volvió a sonar el teléfono fijo, esta vez no era un número de esos que cada día llaman para que te cambies de compañía telefónica, ni para ofertar un seguro de decesos, esta vez, sonó y la llamada tenía nombre…

Estamos en un momento tan raro que cualquier pequeña cosa nos produce una reflexión. Recibir una llamada identificada, no me sorprendió…”María”

¿Qué pasa?, ¿Cómo lo llevas?, ¿Qué te parece? Sin darme tiempo a contestar ella inició su propia respuesta, me pareció lo más lógico, no sabía nada de ella así que algo pasaría para que hubiese decidido llamarme.

La imaginé en el salón de su casa, ese salón en el que hemos compartido tantas tardes de domingos mientras nuestros hijos, jugaban en el cuarto, al fondo del pasillo. La librería blanca (boiserie) que se había comprado en esa casa de muebles frente al río de cuyo nombre no puedo acordarme, propiedad de unas hermanas que toda Valencia conocía. La mesa redonda enfrente, blanca también como el resto de muebles y ella allí, sentada en el sillón tapizado en ocre y granate, tan cómodo que algunas veces nos resistíamos a levantarnos para ver cuál de los 4 niños que jugaban al fondo del pasillo, había sido el del grito o de donde habría venido el golpe.

No se peleaban, lo pasaban genial juntos. Las dos niñas jugaban con las muñecas mientras ellos chutaban una pelota de espuma o grababan en el cuarto de Carlos, algún montaje ideado por Gonza. Si el director les reclamaba como actrices de reparto, ellas acudían a escena.
Una llamada puede ser solo eso, un momento para recordar pero sobre todo es eso, una voz, una imagen y un momento para compartir.

E. Isasi

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